lunes, 6 de febrero de 2017

D/s y relaciones con diferencia de edad


Por lo que conozco, en las relaciones D/s es frecuente que la persona Dominante sea mayor que la sumisa, especialmente en las relaciones en las que la Dominante es un hombre y la sumisa una mujer. Creo que este hecho tiene, fundamentalmente, dos causas: la cultura patriarcal actual y la acentuación de la relación de poder. Quiero analizarlas brevemente porque es necesario para la idea que quiero transmitir en esta entrada. 

En primer lugar, vivimos en una sociedad en la que existe una cultura de la pedofilia. Si es la primera vez que lees esto, seguramente te lleves las manos a la cabeza y pienses que exagero o que pierdo los papeles. Realmente, los atributos que se consideran deseables en las mujeres huyen de cualquier muestra de envejecimiento y se relacionan indirectamente con la infancia/adolescencia muy a menudo, sin necesidad de entrar en las particularidades del ageplay: el coño depilado (las mujeres adultas tienen pelo, no así las niñas), la dulzura, la timidez o la inocencia (atributos que casualmente nos hacen ver como sujetos más manipulables para ellos), la fantasía sexual de la colegiala, la delgadez, las caderas estrechas... todo ello relacionado en cierto modo con la infancia, momento en que somos manipulables, se nos quiere en una eterna adolescencia sin considerarnos adultas. Si vamos más allá, sabemos que la cifra de hombres que tienen fantasías con mujeres extremadamente jóvenes (hasta adolescentes) es completamente alarmante. Para más información, basta con echar un ojo a este escrito: "Los maltratadores las prefieren jóvenes", que lo explica mucho mejor de lo que lo haría yo. En definitiva, la sociedad patriarcal sexualiza a las adolescentes y convierte la juventud casi en un requisito para el atractivo a ojos del deseo masculino.



En segundo lugar, si hablamos de D/s (tanto en las relaciones Daddy/little como en cualquier otra combinación, pues recuerdo que no es necesario para el ageplay que la edad de la little sea menor a la del Daddy), hablamos de relación de poder. Aunque pase desapercibido, la edad es un factor de poder más (quizá no tan grave como lo son el género, la etnia o la clase, pero también influye) con el que se puede jugar. En una relación D/s, aumentar la brecha entre ambos participantes y dar más poder al rol Dominante es un elemento más de juego (como que el Dom sea grande y el sub más pequeño, por ejemplo) que puede acentuar, consciente o inconscientemente, el sometimiento y el control del uno sobre el otro. Es decir, no podemos perder de vista que ser hombre te sitúa en una situación de poder sobre tu pareja femenina a causa de la sociedad actual (pues los hombres poseen privilegios que nosotras no tenemos) que puede ser muy dañina si no se reconoce, se explicita y se controla (de ahí que la violencia de género sea un problema tan grave) pero que el hombre sea mayor que su pareja femenina le da aún más poder: se le presupone una madurez y un reconocimiento social que no tendrá ella, que puede ser sexualizada hasta el extremo convirtiéndola más en un fetiche que en una persona (el machote que se folla a una chavalilla) y cuyos sentimientos, pensamientos y emociones serán juzgados bajo el condicionamiento de la edad.

Por ello, y entro ahora en el meollo de la cuestión, es necesario que analicemos las diferencias de poder que se dan en las relaciones para que estas sean sanas, porque si bien en las D/s existe una relación de poder explícita y buscada (Dominante sobre el sumiso), existen otras de forma sutil de las que no somos conscientes y que pueden derivar en problemas graves en la relación, sobre todo para nosotras, que estamos en situación de desventaja. 

Personalmente, la diferencia de edad me parece un activo y me gusta que mi Dom sea mayor que yo. Eso le confiere más poder y con ello nos da elementos con los que jugar. Me siento segura a pesar de la diferencia de edad porque, después de haber vivido relaciones en las que sí es un poder mal llevado, veo que Él no se siente superior a mí de ninguna manera por ser mayor que yo. Y esto, que parece tan lógico, no lo es tanto. Las que siendo jóvenes hemos tenido relaciones con tipos mayores hemos tenido que aguantar dosis inhumanas de condescendencia y paternalismo, frases como "me encanta lo madura que eres para tu edad" cuando nuestra opinión coincide con la suya pero "eso lo piensas por tu edad" cuando no lo hace.

¿Cuál es la idea que quería dejar en esta entrada? Que existen relaciones de poder subrepticias que no nos paramos a analizar y es un error porque puede tener consecuencias graves pero también porque podemos usarlas en nuestro beneficio si sabemos que están ahí. 



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-Imagen: Agnes Cecile (Silvia Pelissero). Visita su Deviantart haciendo click aquí.


domingo, 8 de enero de 2017

El control en las relaciones D/s



Uno de los pilares de las relaciones D/s es el control que ejerce la persona Dominante sobre la persona sumisa. A veces, este control se limita a ciertas escenas delimitadas (sesiones) o a lo puramente sexual pero también se da el caso en el que el control se extiende a aspectos de la vida cotidiana. 

El control puede referirse a todo lo que se os ocurra (desde el control de la depilación o el color de pelo hasta las contraseñas o cuentas en RRSS de la sumisa) y de muchas formas distintas (la Dominante puede elegir cómo desea ciertas cosas o simplemente ejercer un repaso de cuál es la situación de estas: es decir, puede elegir qué ropa debe ponerse la sub todos los días o simplemente ordenar que la sumisa le mande fotografías de su atuendo cada vez que se vista para saber qué lleva puesto).

Hay algunas formas de control (ropa, pelo, vocabulario) que están más aceptadas que otras (hábitos, temas económicos, contraseñas) quizá porque tendemos a desconfiar de aquellas Dominantes que quieren controlar aspectos que suelen controlarse para aprovecharse (el dinero), por inseguridad (contraseñas) o sin el debido conocimiento, con fatales consecuencias (la alimentación). Como siempre, quiero recalcar que lo fundamental es saber lo que uno quiere y no quiere hacer y que la comunicación sea sincera y fluida durante toda la D/s. Para las sumisas: no tenéis que forzaros a hacer algo que os hace infelices (sí, hacemos cosas que nos nos gustan, pero hay que entender la diferencia entre estar fastidiada por tener que hacer algo y que hacer algo te haga desgraciada) sólo por complacer a la Dom, o porque os presiona para hacerlo aunque no queráis. Como personas adultas, tenemos la responsabilidad de ser sinceras con nosotras mismas y con la Dominante sobre aquello que podemos y no podemos aceptar. En este aspecto, no es tan distinto de lo que pueda aplicarse a una relación convencional: es deseable ir más allá de la zona de confort, pero nadie puede obligarte ni presionarte para hacer algo que no quieres hacer. Para ello están los límites, la palabra de seguridad y el consenso consciente.

Personalmente, me encanta ser controlada. Si eres vainilla o no conoces el mundo de las D/s más allá de la toxicidad de algunos "malos ejemplos", esto puede resultarte chocante o nocivo. Lo cierto es que no se puede ni se debe interpretar el control en las relaciones de Dominación/sumisión de la misma forma que se interpreta en las relaciones convencionales: las D/s tienen sus propias dinámicas en las que los conceptos tienen significados distintos a los convencionales. Cuando hablamos de posesión, de control, de humillación, de deshumanización, no le damos el mismo significado dentro de nuestro contexto que fuera de él. Por eso comprendo que haya temas tan difíciles de entender para quien no ha vivido una relación BDSM sana. 

Para mí, que mi Señor me controle es excitante y me hace enormemente feliz. No hablo de controlar que cumplo aquello que ordena, sino del hecho de que sepa en todo momento dónde estoy, qué hago, cuáles son mis horarios, mis hábitos, mis contraseñas, mis planes, mi ropa... la idea de que pueda saber todo de mí sin que me quede ningún resquicio de intimidad o privacidad me pone como loca. Confío en mi Dom porque me ha demostrado que merece mi confianza y sé que no abusaría del poder que tiene, sé que me cuidará y que, si bien el riesgo siempre está presente (y es que, al final, una D/s es asumir riesgos), mi seguridad es fundamental para Él. Por ello me he puesto en sus manos, por eso le confío mi vida, deseo servirle y no tengo reparos para darle cualquier cosa que desee tomar. 

Sin embargo, si la idea de que te controlen en ciertos temas te resulta inadmisible o pones límites a ese control, no haces nada malo (si bien es cierto que los miedos y deseos cambian a medida que se avanza y quizá te descubras deseando un día lo que ahora te aterra u odias, ¡me ha pasado!). Creo que es importante decir esto: tus límites los pones tú, tú decides qué das a la Dom y hasta qué punto. Eso no te convierte en mala sumisa ni nada similar. Huye de quien te diga que tus límites e inseguridades te quitan valor.


Imagen: Laura Makabresku: "Inside Silence" (acceso a su recomendadísimo blog haciendo click aquí)

miércoles, 30 de noviembre de 2016

La naturalidad de la D/s por naturaleza





Hace no tantos años que conocí el BDSM. En aquel momento, con 19 años, pensé que había descubierto que era sumisa. Y ya. Como si ya estuviera casi todo hecho y a partir de ahí sólo tuviera que aprender prácticas. Realmente sólo había empezado a rascar la superficie, pues son muchas las facetas de mí que he ido descubriendo en estos años, y son muchas las maneras de vivir la sumisión. 

Recalcar esto me parece fundamental. Si has llegado aquí buscando hacerte una idea de cómo será tu futura relación D/s, tal vez hayas cometido un error. Hace años, cuando empecé a descubrirme como sub, entré en muchos blogs y leí mucha información sobre cómo funcionaban las relaciones D/s: castigos, normas, protocolos, prácticas, tipos de Doms y subs. Ahora toda esa información dogmática me espanta. Al principio, creía que había una serie de roles fijados (sumisa, brat, Dominante) antagónicos y que establecían una serie de relaciones prefijadas entre ellos. Ahora sé que la cantidad de variaciones dentro de cada rol es infinita y la manera en que se relacionan los roles también, que no hay nada fijado más allá de unas ideas base (el intercambio de poder en la D/s, el dolor en el SM...) y ni las relaciones ni los roles propios son compartimentos estanco: evolucionan con el tiempo y las vivencias y en eso mismo está su riqueza.

Sobre este tema, hoy me gustaría hablar un poco de mi actual relación D/s. No me gusta entrar en detalles personales porque considero que son parte de nuestra intimidad, además a Él no le gusta hablar de sus métodos o de su modo de entender el BDSM de forma tan explícita, pero le pareció adecuado que lo hiciera esta vez y me dio permiso a raíz de una conversación que tuvimos derivada de una serie de tuits de la cuenta de Twitter de Afrodita y una entrada maravillosa en su blog, que me animaron a escribir sobre cómo concibo esta relación, ya que se sale un poco de lo que se puede leer habitualmente por Internet. Recomiendo leer lo que ella escribió porque creo que lo que expresa está muy cerca de cómo Él y yo vivimos la D/s.

Para mí, D/s y cotidianidad no sólo no están reñidos sino que son necesarios. Me gusta estar sometida sin la necesidad de un marco concreto para ello, poder aplicar rutinas Suyas a mi vida diaria y estar siempre disponible y dispuesta para Él. Es algo que he deseado siempre (mi modo particular de entender el 24/7 porque por mucho que las altas cúspides bdsmeras lo digan, no existe EL 24/7 como no existe LA relación D/s; cada cual adapta las ideas a su realidad) pero hasta ahora no había vivido su concreción de manera efectiva.

Y es que mi relación D/s se va tejiendo día tras día y eso es algo que me encanta. Él no me impuso normas de inicio, no tuve una serie de reglas previas a seguir, un protocolo firme, sino que las normas (como órdenes implícitas, explícitas o normas que me impongo a medida que conozco lo que le gusta y lo que no, de manera propia y personal) van surgiendo a medida que avanza el tiempo y nuestra experiencia juntos, lo que tiene varias ventajas desde mi punto de vista como sub. La primera es que siento que la relación es puramente NUESTRA. No hay condicionantes ni protocolos externos, no hay normas irreales imposibles de cumplir, todo lo que hacemos, lo hacemos porque es lo que Él y sólo Él (ni blogs, ni gurús bdsmeros, ni el porno, ni Gor) desea y yo disfruto cumpliendo sus deseos. La segunda es que siento que me acompaña en el camino, que está conmigo en todo momento. Con otros Dominantes, la sensación es que te dan la hoja de ruta, las indicaciones a seguir, y te esperan en el destino, castigándote cuando te desvías y premiándote, a veces, cuando sigues bien el camino. Con Él, sin embargo, tengo la sensación de que me acompaña todo el tiempo y de que va creando camino conmigo, dejándome gatear a su lado mientras avanzamos, yo por debajo y Él por encima, Él dictando por dónde ir y yo siguiendo, pero siempre juntos. Me hace sentir que le importa más el propio camino que el destino. Esto provoca que las normas que se van sucediendo se impongan a base de un método de ensayo-error: yo hago, Él dice si eso le gusta o no/ordena que no lo haga más y yo aprendo de lo que dice. Para mí esta forma de llevar la D/s es ideal porque tengo pánico al fracaso y no se me daba bien gestionar mis errores. Él ha conseguido que sepa no torturarme por fallar, que lo vea todo desde un punto de vista más pragmático y fluido y que me den igual las metas, disfrutando cada paso.

A modo de resumen: no me impuso protocolos de inicio, la relación avanza y de forma natural (y sobre todo en base a lo que nosotros vivimos) se van sumando normas y directrices que debo cumplir. Me siento a gusto en mi sumisión, es dulce descubrirme, es dulce servirle. Gracias a Él, a su método, he descubierto que el esfuerzo inherente a la sumisión no tiene nada que ver con la tensión, con castigarme a mí misma por fallar, con estar en constante conflicto, sintiendo culpa constantemente y, desde luego, que estar en una D/s tiene poco que ver con que mis sentimientos no cuenten. 

Mi sumisión es un viaje al fondo de mi ser, donde me encuentro a mí misma, sin tabúes, en lo más primario. Es mi libertad, mi deseo, mi placer.Y la D/s es el laberinto que a ambos nos conduce una y mil veces a nuestro yo y al del otro, donde otros nunca llegan. Recorrer este laberinto gateando junto a Él, juntos, cada uno en nuestro lugar, es mi felicidad. 

En definitiva, no me imagino una relación D/s sin protocolos ni normas, pero son Sus protocolos y normas los que sigo y me hace muy feliz que sea así. Y si una de sus normas es darle un besito en la nariz cada noche antes de dormir, bien está (que no es así, pero suena bien bonito). Gracias, mi Señor, por quererme en tu camino.



*Esta vez la imagen que acompaña la entrada es totalmente personal, son fotos hechas por Él en diferentes momentos, todas grandes recuerdos y pequeña muestra de mi felicidad :)

jueves, 13 de octubre de 2016

¿Es compatible el BDSM con el feminismo?


Al grano desde la primera línea, como siempre: BDSM y feminismo no sólo son compatibles sino que, desde mi punto de vista, el feminismo es absolutamente necesario para que las relaciones D/s (y todas las relaciones) en las que hay involucrada alguna mujer sean realmente seguras y sanas.

¿Por qué hay quien considera machista el BDSM?
Muchas de las críticas que se hacen al BDSM parten del desconocimiento. Hay relaciones en el BDSM en las que no hay intercambio de poder (en el SM, por ejemplo, no es necesario); hay relaciones en las que la mujer es quien posee el rol Dominante, hay relaciones lésbicas, ¡relaciones de todo tipo! Sin embargo, es cierto que el BDSM -como todo- nace en una cultura patriarcal y refleja el machismo de la sociedad -como todas las relaciones-. ¿Cuál es la diferencia entre BDSM y relación vainilla? ¿Por qué las relaciones vainilla no son consideradas machistas en sí mismas y el BDSM sí? Lo vainilla se va actualizando, existen modelos de relación que buscan alejarse de las ideas tóxicas del amor romántico, de la mujer-damisela y el hombre-salvador. Sin embargo, el BDSM no sólo nace en el patriarcado sino que muchas veces toma roles propiamente patriarcales (Dominante y sumiso, opresor y oprimido) y en jugar con esos roles de poder está su esencia. Eso provoca que se reproduzcan conductas que fuera de su contexto pueden ser abusivas y promueven ideas de sometimiento/humillación de la mujer que son peligrosas dada la sociedad machista en la que vivimos.


¿Y si no existiera el patriarcado seguirían existiendo estas relaciones de poder?
Muchas feministas críticas con las relaciones BDSM (sobre todo D/s) afirman que, como con la prostitución, buscan su abolición: es decir, romper con las estructuras y pensamientos que hacen deseables ciertos tipos de relación, provocando que no existan. Así dicen que si no existiera el patriarcado, estas prácticas no serían deseables para nadie. Sin embargo, el sadomasoquismo tiene raíces que van más allá de lo sociocultural. La duda está en la D/s. Personalmente creo que es probable que no existieran estos deseos si la sociedad no fuera no sólo patriarcal sino capitalista, basada en la competición, en el poder y el control. Pero eso no me condiciona: que nuestros deseos nazcan en el seno de una sociedad no es dañino per se, es algo normal. Criminalizar estos deseos no tiene ningún sentido: encauzarlos de forma sana y consciente es lo mejor que podemos hacerDecir que hay que ser críticos con el BDSM es algo que muchos de quienes lo practicamos defendemos. Sin embargo, si esa fuera la intención y no demonizar estas practicas desde el desconocimiento, se escucharía a quienes tenemos una visión crítica desde dentro. 


El BDSM es machista porque lo mayoritario son relaciones de chica sumisa y hombre dominante
Este mantra se repite mucho y sólo nace del prejuicio. Hay dos errores de base: pensar que la sumisión sexual está ligada al rol sumiso de la mujer y el dar estadísticas de lo mayoritario según lo que es más visible. Creo que sería interesante buscar una raíz sociocultural a por qué estas relaciones sí son más visibles, pero realmente si nos fijamos a lo que se difunde en redes sociales podemos observar que la normatividad vainilla también afecta a lo no-normativo: es decir, se difunden más las relaciones heterosexuales, la imagen de un hombre serio, alto y fuerte y las chicas delgadas y elegantes. No se difunden otros tipos de relaciones, otros tipos de orientaciones sexuales. ¿Porque la heterosexualidad sea lo más visible significa que es lo mayoritario? Significa que es lo más aceptado. Sin más. Que sea esta imagen la más aceptada obviamente tiene raíces machistas, pero poco tiene que ver con la realidad de quien vive y siente el BDSM.

El otro error es pensar que las chicas heterosexuales que poseen un rol de sumisión son sumisas o se sienten apocadas ante los hombres en general. Esta idea me recuerda a lo que usan los machiDoms para desautorizar o tratar con condescendencia a Dommes: que realmente son Dommes porque no han encontrado un Dom que sepa someterlas (¿no os suena a lo que dicen los machistas de las lesbianas?). Las sumisas que conozco son mujeres normales, fuertes, independientes y algunas con un poderío que deja sin palabras. Hay tantas personalidades sumisas como sumisas. La sumisión no lleva asociados una serie de comportamientos o rasgos de la personalidad. Seguramente podamos entender la excitación por el sometimiento buscando raíces socioculturales, lo cual no quiere decir que la sumisión sea negativa en sí misma.

El BDSM es problemático porque se da mucho poder al Dominante sobre el sumiso. 
El BDSM es problemático, ¿más que lo vainilla? Todas las relaciones, especialmente las relaciones Hombre/Mujer son problemáticas por diversos factores. Sabemos que, en la sociedad en la que vivimos, los hombres tienen una situación de poder sobre las mujeres sustentada en el sistema al que las feministas dieron el nombre de patriarcado. En algunas D/s se da más poder aún al hombre sobre la mujer, ¿no es esto negativo? ¿no supone promover el patriarcado, el machismo? No necesariamente. Una relación D/s sana explicita esa relación de poder de forma que se pueda jugar con ella, dando poder a la sumisa de controlar lo que sucede. Algo que se dice mucho en el BDSM es que quien realmente posee el poder es el sumiso, pues es quien decide hasta donde se llega y cuando parar (límites, palabra de seguridad) y en todo momento debe ser consciente de que puede abandonar la relación, debe comentar sus emociones y sentimientos (si algo le incomoda, si tiene fobias, si no soporta ciertas prácticas). Las relaciones D/s poseen generalmente mucha más comunicación que las relaciones vainilla clásicas y se tiene mucho más en cuenta la opinión de ambas partes. Se busca complacer los deseos de los implicados, deseos que son no-normativos y que pueden parecer tóxicos desde fuera, pero lo realmente tóxico es reprimir la propia sexualidad. En el BDSM somos conscientes de la existencia de las relaciones de poder, las explicitamos y jugamos con ellas a nuestro antojo.

Los problemas de aceptación y el empoderamiento: ¿hacemos lo correcto? ¿estoy enfermo? ¿es el BDSM empoderante?
Si se escucha a gente que vive relaciones BDSM o que se ha descubierto dentro de uno de los roles que se consideran BDSMeros, muchas de esas personas afirman haber sentido grandes problemas para aceptar sus deseos, para aceptarse a sí mismos. Es difícil aceptar que posees este tipo de necesidades sexuales porque al principio no sabes que pueden encauzarse de una forma sana y puedes caer en verte a ti mismo como un monstruo o un enfermo. El BDSM no es una enfermedad. Encontrar la forma de encauzar estos deseos para vivirlos con plenitud, siendo críticos con lo que hacemos, oímos y vivimos y buscando hacer feliz a quien lo viva con nosotros es la clave para una relación sana.

Hay también una discusión sobre si el BDSM es empoderante por si esta idea romantizara estas relaciones. Creo que no es posible romantizar y promover este tipo de relaciones puesto que son deseos que se forjan en la primera infancia (la mayoría de personas con las que he hablado poseían fantasías relacionadas con el poder o gusto por el sadomasoquismo desde antes de la adolescencia, mucho antes de saber que existía algo así). También cabe señalar que es diferente querer desestigmatizar a querer romantizar. Las relaciones BDSM no son jauja, no son maravillosas y realmente pueden ser un infierno si no es lo que verdaderamente quieres. Sin embargo, cuando aceptas cuáles son tus deseos por perturbadores que sean, te comprendes a ti mismo y eres capaz de entenderte sin perder el punto de vista crítico, es maravilloso. Es decir, el BDSM puede ser empoderante cuando se trata de vivir como quieres de forma sana y sin dañar a otros. Para mí lo ha sido.

¿Por qué es necesario llevar el feminismo al BDSM? 
Si bien el BDSM puede ser una manera sana de encauzar deseos que a priori no parecen serlo, también puede ser un nido de toxicidad y un refugio para relaciones abusivas. Si en lo vainilla es difícil desenmascarar relaciones de violencia de género, en el BDSM existe la dificultad añadida de diferenciar lo que ha sido consensuado de lo que no, lo que es aceptado, deseado y sano y lo que no. Por eso es fundamental que el BDSM se interese por el feminismo y que el feminismo sea refugio para las mujeres que practican BDSM. El feminismo es la herramienta que tenemos las mujeres para ser verdaderamente dueñas de nuestra vida y sólo siendo dueñas de nuestra vida podemos entregarnos. Considero que el feminismo es necesario en todas las facetas de nuestra vida, tanto en lo económico como en lo social, tanto en la vida pública como en la privada ¡cómo no iba a serlo en el BDSM!

domingo, 2 de octubre de 2016

Señales de toxicidad en una D/s





Esto es sólo una recopilación de cosas que creo que pueden alertar de que hay problemas -más o menos graves, más o menos resolubles- en una relación D/s. Muchas de estas cosas son aplicables a una relación vainilla también, aunque lo he pensado desde la perspectiva del BDSM, concretamente desde la del sub. 

No se trata de reglas y comprendo que todo tiene matices. Muchas de las cosas de la lista están sacadas de mi experiencia personal, si bien he tratado de no generalizar porque toda relación puede tener dinámicas que desde fuera se perciban como tóxicas pero que en la relación y para sus componentes funcionen a las mil maravillas. Si todas las partes de la relación son felices, está bien.

Creo que hay que tener cuidado en una D/s...



Si has llegado aquí pensando si encontrarás en esta lista ESA actitud de tu Dom/sub que tanto te chirría: si piensas que algo no va bien, es que algo no va bien. Es fundamental hablarlo con paciencia, tratando de empatizar con el otro, y es importante que sientas que tus sentimientos y emociones son tenidos en cuenta. Si no es así, si sientes que expones un problema y la reacción no es tratar de comprenderlo y solucionarlo, sino ignorarte, dañarte, culparte o desviar el tema hacia otra cosa "más importante"... es difícil que la confianza y seguridad que sintieras al principio se mantenga con este tipo de actitudes. Si temes expresar tus sentimientos o dudas o no te permiten expresarlos, no es sano. 


—Si no te sientes capaz de dejar la relación pase lo que pase: si crees que no serías capaz de cortar la relación aunque fueras infeliz en ella, aunque fuese mal casi todo el tiempo, es que sufres un caso agudo de dependencia emocional. Se puede curar, creo, pero lo principal es ser consciente de que es un problema. Tu vida no puede ser la otra persona o la relación. En mi caso, me ayuda fortalecer cosas fuera de esa relación: mis relaciones de amistad, mis aficiones, mi carrera profesional, etc. 

—Si no puedes negarte a nada: generalmente creo que todos los subs tenemos la meta personal de hacer todo lo posible por nuestros Dominantes, de superar nuestros miedos en pro de su placer, de llegar más allá de lo que considerábamos posible. Hay Dominantes que prohíben el uso de la palabra "no" igual que otros prohíben que el sub use "yo", como una herramienta más de protocolo para que el sub se sitúe donde le corresponde. No me parece malo. En lo que quiero incidir es en que el sub se sienta obligado a hacer cualquier cosa que el Dom le ordene aunque le supere, aunque le vaya a suponer un trauma, etc. Ser sub no supone dejar de ser persona. Es más, creo que es necesario parar al Dom cuando sabes que va a hacerte un daño irreparable o hay algo de la relación con lo que no puedes. También puede que para el Dom ese aspecto sea algo fundamental y la relación deba acabar, pero es que siempre hay que tener presente la posibilidad de que el camino se separe y dolerá, pero será mejor que vivir una mentira.

Si te hacen sentir culpable a través de silencios: el silencio es un castigo que existe en el BDSM. Personalmente, lo considero peligroso y bastante nocivo, sin embargo según la dinámica de la relación y de las propias personas puede ser una posibilidad y no resultar dañino (todos somos diferentes y podemos pasar cosas diferentes). Si la idea te resulta traumática, si crees que no podrías lidiar con ello, puedes comentárselo a tu Dom o plantearlo como un límite. No tienes que aguantar algo que te resultará traumático por haber fallado, porque sea un castigo. Nunca mereces algo traumático. Si calla y tú ni siquiera sabes qué has hecho mal, no es sano. 

—Si te dejan elegir o te dan permiso para algo y después te hacen sentir culpable o te castigan por tu elección: Puede llevar a que dudes de tus propias capacidades o a que temas actuar por ti mismo sin su aprobación expresa e incluso a sentir angustia en el momento de plantearle que tienes que hacer algo de tal forma que acabes por no hacer nada fuera de la relación. Es muy peligroso.

—Si tienes miedo cuando lo ves, si verlo te genera rechazo, si que te toque te hace sentir incómoda o asustada no es normal. Es más que tóxico. Huye de ahí porque no mejorará. Nunca mejora.

—Si tratas de manipular sus decisiones reaccionando de forma exagerada o tratando de confundirle sobre lo que sientes: si tienes una D/s es porque confías en la otra persona, necesitas confiar en su criterio para someterte. Si reaccionas de una forma que no es natural o controlas lo que dices buscando una respuesta determinada en tu Dominante, estás llenando la relación de toxicidad. Ser natural y sincero es fundamental para que estas relaciones funcionen.

Si te alienta a alejarte de la gente que te quiere o se mete en esferas que tú quieres separar de la relación, esferas que tú has dicho que quieres dejar fuera: por ser tu Dominante no tiene potestad para separarte de tu familia o tus amigos. Además, si has dicho, por ejemplo, que mientras estás trabajando no puedes servirle, debe respetarlo. Si no acepta tus límites, no podéis tener una relación. ¡No pasa nada! 

Si te sientes como si no fueras nada sin Él y Él refuerza esa idea con frases como "antes de mí no eras nadie", "nadie te va a querer como yo", "no sé qué harías sin mí", "ya sabes que sin mí no hubieras conseguido esto". Es normal sentir un vínculo enorme con tu Dominante (y muy bonito), también lo es sentir que tu vida es mejor desde que está, o que lo demás es más aburrido o más gris que vuestra relación. No es normal sentir ansiedad o angustia ante la idea de estar separados, por ejemplo, o que sientas que todo lo que haces no vale nada si no estás con él.

—Si te dice que las buenas sumisas no tienen límites o ridiculiza los tuyos: no es sano hacerte sentir menos por tus características propias. Cada persona tiene distintas apetencias, distintos miedos y distintos valores. Tus límites son válidos. Si no los respeta, no puedes tener una relación con esa persona. Si prefieres no tener límites o dejar a su elección cuando ir más allá de ellos, es genial y muy respetable, sin embargo si estableces unos límites y/o una palabra de seguridad y no los respeta, no está bien. 

—Si te callas cuando ocurre algo desagradable o algo te chirría: no puedes esperar que el otro adivine lo que te pasa por la cabeza. Son Dominantes, no telépatas. Probablemente poco a poco llegue a conocerte tan bien que te sorprendas de lo bien que te lee, como si estuviera dentro de tu cabeza, pero para llegar a ese punto es necesario que seamos totalmente transparentes con Ellos, que puedan entender cómo reaccionamos a cada estímulo, qué nos pasa por la cabeza... tenemos que dejarnos conocer.


Quizá amplie la lista con el paso del tiempo, según se me ocurran otros temas. Sobra decir que no pretendo aleccionar, sólo exponer conclusiones de mi experiencia porque creo que pueden ser útiles a otras personas. No tengo la verdad absoluta y no espero tenerla. Quizá sirva al menos para que quien lo lea se plantee qué considera tóxico y qué no, qué puede tolerar en una relación y qué no.


¡Hasta la próxima entrada!



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La genialérrima imagen que acompaña esta entrada es una obra de Alexander Grahovsky, ilustrador increíble. Os dejo sus RRSS para que echéis un vistazo a su trabajo y dónde ver precios de sus obras, por si tenéis la oportunidad de comprarlas: Su Web, su Twitter, su Instagram, Su Facebook, y click para comprar sus obras.

lunes, 19 de septiembre de 2016

De descubrir el BDSM a descubrirme



Quiero ser breve, así que iré al grano desde el primer párrafo. Hay una cuestión que lleva tiempo rondándome: ¿por qué cada vez me siento menos identificada dentro del "colectivo" BDSM? ¿Por qué siento rechazo hacia etiquetarme, algo que siempre me había gustado? He llegado a la conclusión de que vivimos dos choques con esto del BDSM: en primer lugar el choque con la normatividad y en segundo el choque con la norma.

Me explico. Creo que todos los que entramos en el BDSM somos conscientes de que hay un mundo convencional o normativo (lo "vainilla") con el que chocamos. Una vez conoces la existencia del BDSM es como una revelación: ¡hay todo un mundo ahí en el que puedes tener, por fin, el tipo de relaciones que sueñas! Te apartas de las relaciones y la sexualidad convencional y comienzas a aprender unas dinámicas totalmente distintas. Aprendes que puedes llevar tus -turbias- fantasías a la realidad sin que sea perjudicial para ninguna de las partes, descubres que no hay nada que corregir en ti, que puedes ser plenamente feliz y huir de las insustanciales relaciones convencionales. Lo normativo nunca cumplió mis exigencias, lo que yo necesitaba para ser feliz. Las relaciones "normales" me frustraban. El concepto típico de sexo me era insuficiente. No encajaba en aquella normatividad. Con el BDSM descubrí un mundo de placer, de experiencias nuevas, un mundo que parecía hecho a la medida de mis fantasías y de mi ideal de vida. Un mundo que encajaba en lo que yo quería, ¿pero encajaba yo en ese mundo?

Y aquí se produce el segundo choque: el choque con lo que es norma en el BDSM. Cuando lo descubrí, sentí que aquello era lo que yo quería. Sin embargo había muchas cosas del BDSM que a mí no me gustaban, no me convencían o no me hacían feliz y aquellas cosas parecían normas para entrar en el colectivo. Muchas de las características que se le presuponían a una sumisa no encajaban con lo que yo soy. Muchas de las claves fundamentales en una relación, todos esos preceptos y exigencias con los que me encontraba en mi camino, no tenían tanto que ver conmigo. Traté de adaptarme (un enorme error), me comí con patatas esa idea de que el Amo te moldea a placer, como si todo en mi personalidad fuese moldeable, como si no existiese una base que no se puede cambiar. El BDSM era el ambiente en el que yo me sentía cómoda: con gente que llevaba un estilo de vida como el mío, gente que entendía mis fantasías y con quienes podía hablar de cosas que con un vainilla sería impensable. Sin embargo, también me decían que era una barbaridad pedir exclusividad a la parte Dominante o que hay límites que son aceptables y límites que son chorradas. También había prácticas que se consideraban aceptables y otras que estaban mal vistas (la Dominación financiera, por poner un ejemplo facilito). Mi choque con la normatividad BDSMera fue insostenible a partir de descubrir que era little y la cantidad de cosas que chirriaban en la relación que a mí me hace feliz con la relación convencional BDSMera (¿no os parece tremendo que exista lo convencional dentro de esto?). Yo no quiero ser un estereotipo, no quiero que mi etiqueta me condicione a actuar como otros creen que actúa una sumisa, no quiero formar parte del BDSM si por considerarme parte de él no tengo la libertad de llevar la vida que a mí me hace feliz. No tengo que demostrarle nada a nadie. ¿Por qué cada vez me siento menos identificada dentro del "colectivo" BDSM? Porque parece que existen compartimentos estanco en los que hay que encajar al 100% y yo no soy un robot ni un personaje, soy una persona con miles de matices. Como todas. 


En los últimos meses me he conocido más que en todos los años pasados. Descubrir el BDSM fue un paso fundamental en mi vida, pero al fin me estoy descubriendo a mí. ¿Por qué? Porque estoy dando rienda suelta a lo que soy, lo que quiero y lo que deseo, porque para mí ahora la D/s es ser yo misma de manera radical. No tengo nada que cambiar en lo que soy para ser sumisa (y digo sumisa a secas porque no creo que existan las malas y las buenas sumisas, sólo sumisas y punto), tengo que deshacerme de las máscaras que me he puesto, no ponerme otras como algunos gurús BDSMeros parecen dar a entender. Mi BDSM no puede ser tan castrador como el mundo vainilla pero con otras directrices. 

Ahora no creo que mi Señor me moldee: me gusta pensar que me talla, que quita todo aquello que sobra y logra sacar a la luz lo que yo soy, lo que ya había y no se podía ver. Creo que Él no vio el potencial que yo tenía si me moldeaba a su gusto, creo que supo ver más allá, supo ver quién yo era y se dio cuenta de que eso era lo que Él quería. La clave está en que encontrase en mí lo que Él desea, no que piense que si me cambia o me deforma podría encontrar lo que busca. Para mí es fundamental construir nuestra relación en base a quiénes somos, qué deseamos y qué no queremos y hacer oídos sordos a lo que otros creen que debería ser una D/s. 



jueves, 29 de octubre de 2015

La curiosidad mató al gato




Mucha de la gente que conozco que practica/vive el BDSM llegó a él por casualidad (un libro, un artículo, una película). Se asomaron a una ventanita tras la que sucedían cosas atrayentes y aterradoras y quisieron estar al otro lado. 

Así funcionó en mi caso. Tras un tiempo de indecisión, contemplando desde fuera lo que parecía pasar en ese mundo extraño del BDSM, decidí probar ("¿por qué no? si soy precavida y uso el sentido común, ¿qué puede ir mal?"). Los hay que empiezan con una sesión, o quizás van a un club, y, joder, todo es maravilloso y sorprendente. Te sientes como un niño pequeño al que han regalado una Playstation nueva (o los Juegos Reunidos, depende de la generación): ¡todo un mundo de posibilidades se abre ante ti!

Y antes de que te des cuenta, el BDSM se ha colado en tu vida, poco a poco, rellenando las grietas, cerrando heridas, respondiendo a las preguntas que quizá nunca te hiciste en voz alta, pero estaban ahí: "¿por qué no disfruto del sexo como todo el mundo? ¿por qué no tengo orgasmos cuando estoy con mi pareja? ¿qué me falta? ¿estoy enfermo por las cosas que me excitan?"

Me volví loca leyendo la teoría al tiempo que le daba a la práctica. Quería absorber todo lo que el mundo del BDSM tenía para mí, quería vivirlo, disfrutarlo cada minuto, conocer nuevas sensaciones, nuevos sentimientos, descubrir miedos y cumplir fantasías. Estaba fascinada. 

Perdí a mi Amo. Dolió, claro, pero no es de eso de lo que quiero hablar, sino de cuando la herida empezó a cerrar, cuando empecé a sentirme libre de nuevo, cuando dejé de ser Suya (el desligarse es un proceso, no deja de ser tu Amo aunque la relación termine, me seguía sintiendo su propiedad, seguía sintiéndole mío, Mi Amo). Vi un mundo de posibilidades de nuevo ante mí, un mundo al que ahora me asomaba con experiencia y criterio, donde podría tener mil experiencias geniales. Tuve algunas sesiones sueltas, fui a eventos, conocí gente nueva.. pero era distinto. Me divertía, claro. Jugaba, me reía, veía las sesiones como retos a superar, como maneras de experimentar con mi cuerpo y mi mente. Pero eso no era lo que yo buscaba y descubrí por qué: en esas sesiones yo no me sometía. Era todo un juego, la cesión de poder era una mentira, yo podía parar aquello sin ningún problema si no me apetecía, no había nadie a quien complacer. Era un juego divertido, pero absolutamente insuficiente.

Paré cuando conocí a alguien que me fascinó de nuevo, que me hizo feliz: volvía a sentirme sometida, a tener ilusión y conservar esa felicidad más allá de la sesión. Pero se acabó y de nuevo me desligo, de nuevo estoy sola. Ahí quiero llegar.

Los primeros días son horrorosos y no puedo evitar pensar en la D/s como una droga. No es que quiera, es que necesito la sumisión y por lo tanto, soy un completo fracaso: a pesar de que lo necesito y de que me encuentra la persona idónea, meto la pata. Me desespero, pienso que jamás voy a conectar con una persona al nivel que yo espero, que quizá lo mejor sea alejarme del BDSM y volver atrás... pero no puedo, sé que no puedo. No hay vuelta atrás. He comprobado que el sexo vainilla no me da placer alguno.  
Necesito la D/s para ser feliz.

Me he tratado a mí misma de estúpida, me he preguntado cómo sería todo si me hubiera quedado mirando por la ventana, si no hubiera dado el paso. He maldecido mi curiosidad, la que me llevó a conocer este mundo. 

Pero es absurdo. No entré al mundo del BDSM, yo ya estaba en él sin saberlo, ya era sumisa antes de conocerlo, ya tenía la necesidad de ser sometida, de tener un Amo, aunque no supiera dar nombre a esas necesidades. Sé que tarde o temprano hubiera llegado a la D/s. Sé que tarde o temprano volveré a poder vivir la D/s. No busco, no espero nada (aunque sería mentir decir que no deseo), no desespero. Lo que tenga que pasar pasará. Y, mientras tanto, que duela la libertad, no importa, también es parte del camino y del aprendizaje. 


Qué queréis que os diga, la curiosidad mató al gato... pero la satisfacción lo resucitó.



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 Imagen: Alexander Grahovsky: "The bait"
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